El salsero encapuchado

Se crean muy buenas relaciones cuando estas aprendiendo a bailar salsa en Malaga

Las anecdotas de las clases de salsa

La semana pasada se marchó nuestro compañero Josué.

Por motivos laborales tuvo que vivir varios meses en esta ciudad, pero hace unos días le anunciaron que su contrato finalizaba, y por tanto tenía que volver a casa.

Se notaba que le costaba bastante bailar y que era un chico muy tímido, no obstante insistió y machacó los pasos y las figuras para tratar de aprender, siempre atento a las explicaciones del profesor.

En el momento de la despedida nos dijo que le había gustado mucho la academia de salsa y que se lo había pasado muy bien, y además me dedicó estas palabras que nunca olvidaré:

– Ay, Vanesa, ¿y ahora quién me va a poner a mí la capucha?

Y es que a mí me gustaba bromear con él en clase y subirle la capucha de su sudadera para cubrirle la cabeza.

La verdad es que hasta ahora ningún hombre me había dicho algo así.

Una escucha piropos, borderías, tópicos… Pero que una noche fría de invierno un hombre te mire a los ojos y te diga en voz bajita eso de “y ahora quién me va a poner a mí la capucha”, no tiene precio.

No supe qué contestar, la verdad. Me quedé conmocionada.

Así es la salsa y la vida de los salseros en nuestra academia: unos vienen y otros se van.

Toda pasa. Nada permanece.

Y así debe ser.

Nunca aprenderás de verdad a bailar salsa si permaneces siempre en la misma academia. Llegará un momento en que agotarás las posibilidades de aprendizaje y será imprescindible que acudas a otras clases para descubrir que hay maneras distintas de llamar y de hacer las mismas cosas.

Cada profesor te aportará algo nuevo.

Aunque no lo creas es así. Yo tampoco lo creía hasta que lo probé.

Autor: Vanesa.