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El primer dia de clases de salsa

Ahora puedes aprender los bailes latinos de moda en Malaga.

¿Te animas a bailar salsa?

Hoy hace casi cuatro años que me apunté a clases de salsa en la academia de mi amigo Antonio.

El motivo principal que me movió a ir a bailar, fue que llevaba mucho tiempo haciendo una dieta y ya había perdido diez kilos. Como siempre he odiado hacer ejercicio, empecé a notar que tantos meses de dieta efectiva sin dar un golpe, estaban dejando mis músculos demasiado flácidos y no resultaba nada bonito. Además, por salud, me convenía empezar a hacer algo de deporte.

Y el único que me atraía era el baile.

Así que escribí en Google “clases de salsa en Málaga” y me salió, de manera insistente, en los resultados, la web de un tío majara que cobraba más barato que los demás y encima la academia quedaba muy cerca de mi casa.

Le mandé un correo para que me confirmara si la clase empezaba realmente el 8 de abril y en un pis pas me respondió diciéndome que sí.

Como soy una persona tímida, sabía que me iba a costar y que me iba a dar corte aprender a bailar, pero bueno, ya había estado hacía algunos años en una academia de ritmos latinos con mi profesora, practicando un poco de cada modalidad y al menos tenía una leve idea y consideraba superado mi miedo al ridículo.

Días antes de ir, dejé volar mi imaginación y traté de visualizar cómo sería la Academia y el profesorado. Lo único que se deducía de su web era que el profesor se llamaba Antonio, que contaba unas historias muy raras, y que parecía simpático y borde a ratos.

Y como imaginar es gratis, yo me hice a la idea de que mi profesor sería clavadito a Chayanne o a Patrick Swayze, que es lo que una tiene visto en las películas.

Llegó el gran día y me presenté en la Academia. Fui puntual, pero ya había allí un montón de gente. Un tío muy raro con pinta mitad marroquí mitad sudamericano, me dijo hola y me preguntó cómo se llamaba el que estaba a mi lado. Le dije que ni idea y me dijo que le preguntara y a todos los demás igual.

Después de las presentaciones pasaron unos minutos hasta que dieron las nueve.

Yo miraba entre la gente buscando al profesor, pero no lo veía.

De pronto el tío raro mitad moro mitad sudamericano, empezó a explicar el paso básico.

Yo seguía esperando que entrara el profesor y suponía que aquel hombre sería el ayudante o el que hacía los ejercicios de calentamiento.

Y nada: que Chayanne no venía.

El tipo que explicaba los pasos, además de su mezcla árabe-sudamericana, era gordito, bastante renegrío, cabezón, muy peludo y feo. Parecía cualquier cosa antes que un profesor de salsa.

Patrick Swayze y Chayanne estaban buenos, tenían un tipazo y unas caras preciosas.

A las nueve y media tuve que asumir con resignación que aquello tan gordito y tan raro era mi profesor de salsa.

Acababa de conocer a mi amigo Antonio el de la salsa.

Quién me diría que 4 años después, los dos seríamos amigos del alma, de tapitas y que nos pillaríamos tantas borrachuzas… y que yo me habría convertido al nudismo…

Quién me ha visto y quién me ve, con este culo tan duro que se me ha puesto de tanto bailar salsa…

A veces los caminos del Señó son una jartá de reir.

Autor: Vanesa.